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  • Foto del escritorAndrés Molina Ochoa

Entre admirar y amar: A propósito de "Wonder" (Stephen Chbosky, 2017)



Para amar a una persona, no basta con apreciar sus virtudes, es necesario también respetar sus defectos. Eso lo olvida Hollywood en cada película que hace sobre personas en situación de discapacidad. En Rain Man (Levinson, 1988), Raymond Babbitt es autista, pero posee habilidades sorprendentes en las matemáticas y otras ciencias; Forrest Gump (Zemeckis, 1994) tiene un coeficiente intelectual inferior a 75, pero tiene capacidades casi sobrenaturales para correr, jugar ping-pong y suerte para estar presente siempre en el momento adecuado de la historia. No son filmes que nos enseñan a amar o siquiera a respetar a quienes están en una situación de discapacidad. Son películas que nos enseñan a admirar el éxito.


Los defectos de este tipo de películas se hacen más evidentes cuando se comparan con obras como Le Huiteme Jour (Van Dormael, 1996) una película en la que el protagonista Georges (Pascal Duquenne) es un hombre con Síndrome de Down que no tiene habilidades sobrenaturales, pero que aprendemos a amar en su humanidad, en sus limitaciones, en su forma diferente de ver el mundo: “En el octavo día, Dios creó a Georges. Y vio que estaba bien”, dice el protagonista al final del filme.


Wonder (Chbosky) es otra película más sobre personas en situación de discapacidad. El protagonista es Auggie (Jacob Tremblay) un niño con Síndrome de Treacher Collins, a quien su madre decide enviar por primera vez a la escuela en quinto año. Como en todos estos tipos de filmes, el protagonista sufrirá bullying por parte de sus compañeros, pero logrará al final enamorar a todos o a casi todos los estudiantes de la escuela.


La película tiene dos importantes méritos. Es una obra estadounidense en contra del bullying filmada en épocas en las que un acosador profesional había sido elegido presidente de ese país. Además, es narrada en la primera voz de los personajes cercanos al protagonista. El segmento de la hermana de Auggie, Via (Izabela Vidovic) con acierto relieva los problemas que sufren los familiares de una persona en situación de discapacidad. Por los cuidados que demanda su hermano, ella ha tenido que convertirse en satélite de un sol, y a pesar del amor y comprensión que siente por Auggie, no deja de sufrir porque sus padres han estado ausentes en sus logros y eventos importantes.


Aun así, Wonder padece los mismos errores de las películas de Hollywood sobre personas en discapacidad. Auggie no es sólo un niño con Síndrome de Treacher Collins, es el mejor estudiante en ciencia. Claro, no tiene las habilidades de Raymond Babbitt en Rain Man o la suerte de Forrest Gump, pero no es un niño común con una extraña enfermedad, es un niño especial. Wonder no nos enseña a amar a personas con apariencias físicas diferentes, nos enseña a apreciarlas porque de pronto pueden ser muy inteligentes.


Al final de la película, en la escuela le otorgan un premio a Auggie y toda la escuela se para a aplaudir. Aquí viene, para mí, la peor lección del filme. Lo importante no es apreciarse a sí mismo, aprender a subsistir sin que importe el qué dirán. El mérito está en que te reconozcan y aplaudan. No en vano dice Auggie que toda persona debiera ser aplaudida al menos una vez en su vida. Wonder no nos enseña a enfrentar el bullying, nos vuelve esclavos del qué dirán, de lo que los otros piensan y sienten.


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